La mitomanía es un trastorno que consiste en mentir de forma patológica continuamente, distorsionando la realidad y haciéndola más soportable.
No todos los que la padecen mienten de manera descarada; hay quienes también desfiguran la realidad engrandeciendo y exagerando todo lo que dicen. Así que tal vez ese cuate que creemos “muy chistoso” por cambiar las versiones de todo podría padecer mitomanía.
Como generación hay ciertas circunstancias nos han llevado a la
mitomanía, unos de maneras más graves que los otros pero al fin
mitómanos. Aquí un listado de los principales motivos:
- Delirio de grandeza: Todos nos sentimos un escalón
arriba de los otros. Ya nadie necesita ser de la realeza o algo
parecido para creer que puede “mover sus influencias” o lograr algo.
- Fama: El talento ha pasado a segundo plano. Lo que la gente quiere es reconocimiento por cualquier tontería.
- El pasado truculento: Por desgracia muy poca gente
está orgullosa de sus orígenes, de errores que cometió en el pasado y
de los que hoy se arrepiente, de gente con la que se relacionó, de lo
que ha aprendido a lo largo de los años...
- Paranoia colectiva: Nunca hemos sabido por quién
metemos las manos al fuego y, actualmente, menos. Todo el mundo se cuida
la espalda de cualquier circunstancia desagradable: desamores,
desilusiones o traiciones. La diferencia es cómo lo hacemos…
- Competencia laboral: Asocian la idea de ganarse el
respeto de los demás con ser alguien que no son. Ya que de lo
contrario, hablar con la verdad sería salir del área de confort y
exponerse a un mal recibimiento.
- La idealización de figuras falsas: Personajes ficticios o celebridades se vuelven un patrón por seguir.
- Frivolidad: Lo material y superfluo se ha vuelto lo más importante.
- Presión social: Recibimos ataques de preguntas que
no sabemos cómo contestar. El mundo quiere que desde muy joven ya
estemos comprometidos, trabajando en la mejor empresa y con propiedad.